Las tendencias que marcarán el diseño web para el año 2020

Las tendencias que macarán el diseño web para el año 2020 apuntan a una mayor usabilidad, agilidad y versatilidad. Si hay algo en constante evolución son las estrategias para llegar a los internautas, con el fin de influir en sus hábitos de consumo y sus opiniones. Como dijo el barón Pierre de Coubertin sobre el espíritu olímpico de los Juegos de Atenas en 1896, se trata de llegar “más rápido, más alto, más fuerte”: “citius, altius, fortius”, con un mensaje globalizado.

Las tendencias que marcarán el diseño web para el año 2020 apuntan a una mayor usabilidad, agilidad y versatilidad, adaptando los contenidos a las posibilidades tecnológicas de su transmisión y a los dispositivos donde puedan verse reproducidos. Hoy, más que nunca, “el medio es el mensaje”, como afirmaba el canadiense Marshall McLuhan al referirse a los medios de comunicación social en los albores del siglo XX. Hoy, más que nunca, el mundo cambia más profundamente y mucho más deprisa (“citius, altius, fortius…”) y el comercio y los negocios han de recurrir a los profesionales.

Estos profesionales de todo el país y del resto del planeta son expertos en diseño web, posicionamiento en buscadores (“Search Engine Optimization”, SEO) y en marketing en motores de búsqueda (“Search Engine Marketing”, SEM), que ayudan a los negocios a estar a la altura de las circunstancias, en la “pole position” de una frenética carrera por el ciberespacio. Hoy, más que nunca, hay que hacer esto de “renovarse o morir”. Pero renovarse con inteligencia y debidamente asesorados, porque un solo error puede ser definitivo y fatal.

Web autogesionable, “landing pages”, PWA…

Nos hemos acelerado con las nuevas tecnologías y la globalización de tal manera, que apenas hemos podido asumir una novedad cuando llega la siguiente con una innovación aún mayor que nos sorprende. El público se ha acostumbrado a ello y en ocasiones pide lo que todavía no existe: la imaginación es tan fantástica que supera, a veces, a la realidad.

Las compañías tecnológicas se encuentran ante el desafío de dar cumplida y rápida respuesta a todas estas demandas, cuando con frecuencia aún no han logrado desarrollar los medios materiales para ello. Y, aunque sea indirectamente, también esta situación supone un reto para todas las empresas en general, con independencia de cuál sea su sector de actividad, y también ellas, urgidas por sus usuarios, urgen a su vez a estos profesionales, para obtener soluciones a una realidad que no sólo es nueva, sino que evoluciona continuamente.

A este fenómeno podríamos llamarlo “tecnosociología”, porque se extiende a todos los aspectos del comportamiento humano, incluso a la faceta más íntima y personal. Quien no lo crea, que piense en el “ciber-sexo” o en cuántas veces ha hablado con su hijo más por WhatsApp que directamente en persona, aun a pesar de estar ambos presentes físicamente en la misma casa, o incluso sentados en la misma mesa durante la comida o la cena.

Nos hemos instalado en el frenesí del cambio y las vanguardias. Ya no vale con ofrecer el mejor servicio; hay que ofrecerlo el primero. Ya no sirve tener una página en Internet; hay que poseer una web autogestionable; ya no es suficiente con abrir un comercio ubicado físicamente en un enclave estratégico y muy concurrido de una ciudad; es necesario abrir una tienda online y, con ella, abrirse al mundo entero.

Tampoco es suficiente la sede social más o menos lujosa de una empresa; lo que cuenta de verdad es una buena web corporativa. Ni funciona una campaña de marketing magníficamente pensada, si el diseño de su “landing page” no responde a un desarrollo web a medida, Apps y PWA (Progressive Web Apps) al servicio de los usuarios.

Funcionalidad” es la respuesta a la situación aquí descrita. Los proyectos de hoy en día deben reunir unas exigencias muy elevadas de calidad y usabilidad, con capacidad suficiente de “aprender” deprisa de la experiencia del usuario y saber responder a ella. Da igual que estos proyectos sean para una tienda online, para una página web profesional o para una corporativa, La funcionalidad es básica, imprescindible para todas ellas por igual.

También deben de cumplir unos estándares de seguridad y velocidad. Pero, sobre todo, deben de tener un estilo propio, que revistan a cada proyecto de una personalidad que lo distinga y, a ser posible, que lo haga único.

Es esencial el desarrollo UX-UI: el diseño basado en la experiencia del usuario (UX); es decir, lo que siente al utilizar un producto, recurrir a un servicio o acudir a sistema, combinando esta experiencia con la interfaz que utiliza: diseño UI; es decir, diseño basado en el medio que permite la interacción con dicho usuario.

Resulta imprescindible el diseño web “Mobile First”: diseño adaptado a los estándares de Google (estándares y algoritmos que cambian con frecuencia) y a las tendencias del mercado, pensados para la navegación móvil, ya que en 2018 dicha navegación móvil superó a la realizada a través de un ordenador. Son webs diseñadas y orientadas a los dispositivos móviles: diseño denominado “responsive”, que ha de ser rápido, que permita la interactividad y que, por supuesto, sea un diseño legible. Este punto es fundamental, incluso prioritario antes de plantearse la apariencia que la web pueda llegar a tener en la pantalla de un ordenador.

Y, por supuesto, tiene que ser un diseño veloz. No se trata de que el experto haga el diseño muy deprisa, sino que lo que diseñe permita una velocidad de descarga de la página en el menor tiempo posible, evitando descargas innecesarias. Una mala optimización de la página hace perder visitas.

Y, por último, los contenidos

No sólo la forma y su arquitectura tecnológica es importante para la web de un comercio, un profesional, una empresa o un negocio. También es importante el fondo: lo que la página diga, el contenido que ofrezca, la información que aporte…

Una web maravillosamente diseñada, rápida, “responsive” y con interactividad para el usuario no logrará estar bien posicionada en los buscadores (estrategias SEO / SEM), a pesar de todo esto, si su contenido es insulso, carente de originalidad o sin valor alguno.

Es el equilibrio entre “continente” y “contenido”. Con frecuencia se vuelcan todos los esfuerzos y buena parte de los presupuestos de inversión en los resultados “de apariencia”, sin caer en la cuenta de que es imprescindible un esmero paralelo en lo que la web ofrezca. Sólo con mensajes e información originales y de interés habrá un retorno del ROI, o retorno de la inversión realizada en todos estos esfuerzos.

Los buscadores priman la calidad. El principal de ellos, Google, cambió su algoritmo en el año 2011 para dar valor a lo que realmente la tenga. Se trata de un filtro denominado algoritmo Panda que identifica contenidos pobres y penaliza a las páginas que los publican.